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| Claudio Soto |
Cerca de las 9:15 horas del domingo 23 de febrero de 2025, Claudio Soto Espíndola salió desde su casa rumbo a la ruta que conecta Los Ángeles con Santa Fe y Laja. Era verano y se preparaba para un exigente calendario que incluía competencias en Concepción, Temuco, Santiago y Florianópolis, Brasil. Estaba a semanas de cumplir 50 años y había decidido celebrar ese hito compitiendo nuevamente en una prueba de triatlón de fondo, un desafío que requería meses de preparación.
Kinesiólogo, profesor de Educación Física y director de la carrera de Kinesiología en Santo Tomás Los Ángeles, venía aumentando progresivamente sus cargas de entrenamiento. Ese domingo retomaba su bicicleta de triatlón, recientemente acondicionada para enfrentar pruebas de mayor exigencia.
Había avanzado apenas unos metros por la recta de acceso a Santa Fe cuando su jornada cambió por completo.
EL IMPACTO Y LAS PRIMERAS HORAS
En esa ruta, un vehículo lo embistió por la espalda y lo lanzó varios metros sobre el pavimento. La violencia del choque quedó grabada en su memoria como una sensación abrupta que interrumpió por completo el entrenamiento de esa mañana.
"Siento un impacto brutal, a muy alta intensidad. Fue que alguien me pasó por arriba", relata con La Tribuna al reconstruir ese instante.
Ya en el suelo, aturdido y sin comprender del todo lo que acababa de ocurrir, intentó recomponer la escena mientras el vehículo continuaba su marcha.
Claudio permaneció tendido sobre la calzada, con lesiones que más tarde serían calificadas como graves por el Servicio Médico Legal (SML). Pero más allá del diagnóstico médico, hubo un elemento que lo marcó con fuerza.
"Que te embistan de esa forma y que la persona te haya dejado ahí botado a la suerte fue lo más complejo", afirma.
SECUELAS FÍSICAS, EMOCIONALES Y DEPORTIVAS
Las semanas posteriores al atropello estuvieron marcadas por el dolor constante y la dificultad para descansar. Las heridas y contusiones le impedían encontrar una postura cómoda, y dormir se volvió un desafío cotidiano. Pero la recuperación no fue solo corporal: también hubo un impacto emocional que se instaló con fuerza en los primeros días.
"Lo más complejo fue la parte mental. Fue bastante desmotivante, más que dolor físico fue frustración", reconoce.
La abrupta interrupción de su preparación deportiva se sumó a ese proceso. La planificación del primer semestre quedó suspendida de un día para otro, con inscripciones pagadas y pasajes internacionales ya adquiridos.
"Lo que hago me lo financio yo. Soy un deportista amateur. Las competencias de triatlón son bastante costosas", explica.
A un año del hecho, reconoce que su organismo no volvió al punto previo. El impacto en la zona pélvica y torácica dejó secuelas persistentes: calambres, contracturas frecuentes y dolores costales en determinados esfuerzos.
En paralelo, la causa penal continúa en etapa investigativa y la formalización del responsable podría concretarse en las próximas semanas.
LA NUEVA OPORTUNIDAD
Lejos de abandonar la actividad física, optó por adaptarse. Redujo su exposición en carretera y trasladó buena parte de su preparación al interior de su hogar, utilizando rodillo. El entrenamiento pasó a ser también una herramienta de estabilidad emocional y una forma de mantener el foco en medio del proceso judicial y de recuperación.
El retorno superó incluso sus propias expectativas. Participó en el Ironman 70.3 Pucón y consiguió clasificar al Mundial de la especialidad en Niza, Francia. Meses antes había competido en una Copa del Mundo en San Pedro de la Paz, logrando cupo para Abu Dhabi. Resultados que, en el contexto de su recuperación, adquirieron un significado distinto.
Fuente: La Tribuna.
